Da igual si es una pandemia, una campaña electoral, un cambio de gobierno o la aparición de un nuevo movimiento social, no pasa nada en nuestro entorno sin que paralelamente surjan bulos, Fake News (del inglés Noticias Falsas) y demás campañas de desinformación. ¿Pero qué es lo que hace que estas campañas corran como la pólvora? ¿Por qué se vuelven virales?

Dos términos difíciles de diferenciar

Al empezar a escribir este artículo se me ocurrió que sería interesante diferenciar ambos términos: bulos y fake news. Ya te digo que no es una tarea sencilla, constantemente usamos los dos términos para referirnos a las mismas cosas. Celestino Rom, abogado de GR Consultors, establece que hay un hecho diferenciador:

La principal diferencia que podemos encontrar para distinguirlos es el estilo de la redacción. En el caso de las fake news, se trata de contenido pseudoperiodístico, realizado para modificar la conducta o las creencias del receptor, hablando en su mismo canal, para que sea entendido y aceptado por el receptor del mensaje.

Te recomiendo que leas la entrevista que le hacen en Consumer.

Así que, si hay una diferencia es ese “contenido pseudoperidistico”. Por lo tanto las Fake News, a diferencia de los bulos, son una forma de crear contenidos o hacer periodismo sensacionalista que suele sacar a la luz pseudoinformaciones, sin contrastar ni verificar, pero que buscan una rentabilidad, y casi siempre con un trasfondo más de marketing que de otra cosa.

Imagen de Colin Behrens en Pixabay

Buscando culpable: las cadenas y los BOTs

Nuestro cerebro, una pieza importante en todo esto, necesita echarle la culpa a algo. Por eso leemos y oímos constantemente que la culpa de todo lo tienen las TICs, las Redes Sociales, etc. Sin ánimo de defender a quien no lo necesita, que quede claro que esto no es así. Los bulos han existido siempre. Marián Alonso, en su publicación “Fake News: desinformación en la era de la sociedad de la información“, ya habla de las gacetas del siglo XVIII como herramienta de poder, bien conocida por reyes y validos. De la misma manera, en el siglo pasado todos los gobiernos de cualquier signo han sido muy amigos de la propaganda y la contrapropaganda, lo que pasa es que nos es más fácil echarle la culpa a algo más próximo. De ahí que la culpa se la lleven las pantallas y las redes sociales. Empezamos a hablar de bulos cuando se popularizaron esas cadenas de mensajes que nos llegaban por e-mail o SMS hace pocas décadas. Era algo que parecía nuevo (los bulos), que nos llegaba por un entorno nuevo (las TICs) de ahí que le vinculásemos esa culpabilidad.

Otra escusa recurrente es el tema de los BOTs. Esos artilugios inmateriales en forma de programas informáticos, a los que se les da de maravilla realizar automáticamente tareas repetitivas a través de Internet, se están llevando la mayor parte de las culpas. “Eso, eso, la culpa de los BOTs”. Pero me da que esta vez tampoco son los culpables. BOTs los hay buenos y malos, depende del uso que se les dé. Un ejemplo de un Bot Bueno es aquel que, dotado de cierta Inteligencia Artificial, interactúa con nosotros a través de un chat, muy utilizados en Atención al Cliente. Por otro lado un ejemplo de Bot Malo es aquel que, en forma de perfil de Redes Sociales, replica constantemente un contenido para hacerlo viral. Sí. lamento informarte que seguramente siguen en Facebook o Twitter a más de un Bot.

Imagen de Stefan Keller en Pixabay

Entonces ¿a quién le echamos la culpa?

A la hora de responder a la pregunta: qué da alas a los bulos y las Fake News, si queremos echarle la culpa a algo debes fijarte en lo que llevas sobre los hombros, tu cerebro.

Estudios recientes han demostrado que un BOT replica en la misma proporción una noticia real que una falsa. A esta conclusión llegaron Sinan Aral, Soroush Vosoughi y Deb Roy (expertos de MIT) tras analizar 126.000 historias difundidas en Twitter entre 2006 y 2017, con más de 4.5 millones de tuits de unos 3 millones de personas. Al evaluar tal ingente cantidad de información descubrieron que las noticias falsas generaban sobre todo sorpresa y disgusto, mientras que con las verdaderas las emociones más habituales era la tristeza o la confianza. Las emociones son la clave. Las noticias falsas que tienen un componente de novedad son algo que nos motiva a que las compartamos, pero además si le acompaña la ira o el enfado el retuit o reenvío en WhatsApp está asegurado mucho más que si lo que sentimos es tristeza o alegría.

Fuente: https://danielpaz.com.ar/blog/2020/05/esa-noticia/

Por otro lado está el sesgo

Pero, no se vayan todavía, aun hay más. Tenemos un sesgo, desde el cerebro le aplicamos un filtro previo a todo lo que nos llega, sin pararnos en confirmar si es cierto o no. Se debe a una necesidad evolutiva, gracias a la cual los seres humanos podemos emitir juicios inmediatos de una forma ágil ante determinados estímulos, problemas o situaciones. Daniel PAZ, ilustrador argentino, representa de una manera magistral lo que trato de decir.

Así que no le eches más a culpa a las Redes Sociales, el SmartPhone o a tu cuñado. Cada uno de nosotros tiene su parte de culpa. Compartimos sin confirmar aquello que nos parece cercano y más aun si nos cabrea.

Fuente: La Policía Nacional presenta la primera guía para evitar ser manipulados por las fake news

Consejos imprescindibles

Como consejos para gestionar este tipo de impactos que recibimos constantemente recomiendo las pautas que marcan en la infografía elaborada por el CNP:

  • Googlea
  • Contrasta
  • Sospecha
  • Consulta
  • Y si dudas no compartas

Nos vemos, nos leemos en el próximo artículo.